domingo, 10 de abril de 2011
El pozo
miércoles, 30 de marzo de 2011
Cuando dos almas se encuentran
Érase una vez, no hace mucho tiempo, una chica que, a pesar de tener una familia que la quería y unos amigos maravillosos, sentía que su corazón estaba roto. Y no porque no gozara de buena salud o porque estubiera maltrecho, sinó porque hacía ya mucho tiempo que había amado a alguien con toda su alma pero ese amor no había sido correspondido. miércoles, 2 de marzo de 2011
Lo que da de sí un trayecto a casa

Un día, pasando por una tienda con sus compañeras del trabajo, vieron en una tienda de muebles un perrito chiquitillo que parecía un pequeño felpudo con patas.
- Cualquiera podría pensar que es una alfombra. "Sí, quería llevarme esa alfombra, la que tiene forma de perro"- dijo una de ellas.
- Sería la primera alfombra con movilidad y se limpiaría sola. - dijo otra.
- Y, cuando no hiciera falta, ella misma se guardaría.
Las tres se rieron mucho mientras continuaban andando, pero Sonia - que así se llamaba la muchachuela- dió vueltas y vueltas a la idea del perro-alfombra. Si pudiera hacerse...
Al llegar a su casa, Sonia se dispuso a ponerse manos a la obra. Se introdujo en su "laboratorio secreto" y no salió de él hasta ya bien entrada la noche.
- ¡Eureka! - gritó. A sus pies, una alfombra de color canela saltaba y corría entre las piernas de Sonia, que reía a carcajadas por su descubrimiento.- ¡Está vivo, está vivoooooo! Juuuuajuajuajua.
El perro-alfombra cambió la vida de Sonia: le calentaba los pies en invierno, si estaba sucio él mismo se metía en la lavadora, para dormir se quedaba echado en el suelo o se enrollaba y se quedaba en un rincón, no soltaba pelo, no necesitaba comer ni hacer sus necesidades, hacía compañía y daba mucho cariño, si lo sacaba de paseo no le ladraba ni mordía a nadie... y, lo mejor de todo, se lo podía llevar de viaje a cualquier lado, como era una alfombra...
Y así vivieron muuuchos años felices. Hasta que un día... Sonia despertó del sueño. ¿O qué os pensábais? Pero, ¿a qué sería genial tener un perro-alfombra? De nombre se llamaría Wellcome, jajajaja.
sábado, 9 de octubre de 2010
Mil luciérnagas
Érase una vez, en un país muy lejano habitaba una princesa que no quería ser. Su destino no era otro que el de llegar a ser reina de aquel reino lejano, sin otra alternativa en su vida. Podréis pensar que la princesa, como sucede en otras historias, ansiaba la libertad de decidir su destino, seguir sus propios consejos, encontrar el amor por sí misma en vez de ser casada con el primer príncipe que cumpliera los requisitos de su padre. No era este el caso. Nuestra princesa, simplemente, quería dejar de ser. Estaba preparada para asumir su papel en la vida pero había un vacío demasiado grande en su interior.domingo, 25 de julio de 2010
La madre que parió a los Gormitis

lunes, 5 de abril de 2010
Lo que da de sí un sueño

Jueves noche. Voy a cenar a casa de mi hermano (por cierto, muy buenas las pizzas) y, como punto final de la velada, me deja disfrutar en pantalla 42 pulgadas y un sonido increíble del concierto en Wembley de Muse. Hasta aquí todo normal. Regreso a casa y me voy a dormir...
Es de noche, o lo parece. Me encuentro en la entrada de un recinto, más parecido a un bareto normal y corriente. Para mi sorpresa, me encuentro una apertura enorme con un escenario ascendente cuya estructura me recuerda el interior de una cueva. Consigo llegar hasta primera fila, a dos palmos del escenario. Tengo la entrada en la mano y le echo una ojeada: Concierto de Muse.
Mi acompañante (que no recuerdo quién era) me da un codazo para avisarme que estan subiendo al escenario. Todo el mundo grita, brazos levantados a mi alrededor, luces de colores que me desorientan momentáneamente. De repente, el escenario rocoso asciende delante de mis asombrados ojos. ¡No voy a ver nada! ¿Para qué me pongo en primera fila si no voy a ver nada? No soy la única sorprendida. A mi alrededor todo el mundo permanece en silencio mirando hacia arriba.
Demasiado silencio. Se supone que han empezado a tocar. Entonces, ¿por qué no se escucha nada de nada? Un minuto más tarde el escenario vuelve a bajar y una voz a través de los altavoces anuncia que se suspende el concierto por problemas de sonido. ¿Problemas de sonido? ¿Qué sonido?
Totalmente desconcertada y desilusionada salgo del recinto, acompañada por una serie de murmullos a mi alrededor. De repente, una mano se posa en mi hombro para que me detenga.
- Espera - Matt Bellamy, delante de mi, ofreciéndome algo. Observo el objeto. Es una entrada para un concierto.- Tenemos que suspender el concierto pero os doy otra entrada para el próximo.
Se da la vuelta y desaparece. Sonrío. No ha podido ser esta vez, pero sí la próxima.
Ahí me desperté. Debo decir que, aunque la conversación la he escrito en castellano, en mis sueños el señor Bellamy habla en catalán y con un acento bastante marcado de Gerona (qué curiosa es la mente). Nada, que éste sueño tiene moraleja: ¿Que Muse hace un concierto en Madrid y no puedes ir? No te preocupes, ya volverán a Barcelona o a Badalona o a otro sitio y, esta vez sí podrás ir... A no ser que alguien me regale una entrada para el concierto de Madrid y me acompañe, jejeje.
Que tengáis dulces sueños.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Historias del metro
Era una mañana fría, muy fría, de noviembre cuando ella se dirigía hacia el trabajo como cada día. Todo transcurría con normalidad: salió de su domicilio a buen paso, llegó al metro, marcó su targeta a las 8:05 de la mañana, subió al vagón dirección Clot para hacer transbordo, subió al siguiente tren de la L1 y se cerraron las puertas. Todo normal, como siempre. Poco podía imaginar que algo lo cambiaría todo. Al llegar a Glorias, las puertas empezaron a abrirse y cerrarse, abrirse y cerrarse. Un sonido metálico y difuso invadió los vagones mientras la gente, entre ellos nuestra protagonista, se preguntaban hastiados si el metro cerraría de una vez las puertas y continuaría la marcha. En uno de esos abrir y cerrar de puertas, éstas casi llegaron a cerrarse del todo y un viejecillo aclamó un "Uy! Casi" que a ella no le hizo puñetera gracia.
Una voz por megafonía anunció, después de cinco minutos de vaivén con las puertecitas de las narices, que el tren se encontraba averiado y que hicieran el favor de apearse de él. Ella estaba hasta más allá del más allá. No era el primer incidente que tenía en aquel mes. Recordó el caso de aquel indeseable que quiso tirarse a la vía, después de acordarse de la madre, el padre y el bisabuelo de los vigilantes del metro.
Finalmente, ella pudo subirse al tercer tren, ya que en el segundo fue imposible debido al alubión de sardinitas en aceite que se apretujaron en él. Llegó al trabajo, tarde, pero llegó.
Para rematar el día, su coordinadora se la quedó mirando y le dijo: "eso no te pasaría si cogieras el metro a la hora que lo cojo yo". Soy plenamente consciente que, al igual que el proyecto de suicida, se ha acordado de toda mi parentela.
Éste, amigos de la nave del misterio, ha sido otro episodio sobrecogedor de Octavo Lustro. Espero que el relato no os haya impactado demasiado y que sigáis leyendo estas chorradas como pianos que forman parte de mi Blog.
lunes, 19 de octubre de 2009
Tengo el día gafe
No me gustan los lunes. No me gusta madrugar los lunes. ¡Odio madrugar todavía más un lunes porque tengo acogida! Relájate, pensé, tómatelo con calma. Mi compañera el viernes estuvo enferma, con lo cual no tenía demasiadas esperanzas que supiera que le tocaba acogida conmigo, pero como la esperanza es lo último que se pierde y, últimamente no tenemos demasiados niños a primera hora de la mañana, cabía la posibilidad que a) mi compañera sí se acordara de la acogida y viniera; b) a pesar de no venir mi compañera vengan pocos niños y pueda hacerme cargo yo sola.
Inicio mi trayecto diario, sólo que 40 minutos antes que el resto de la semana. Hace frío, por fin, pero el cambio de la temperatura exterior con respecto a la temperatura del transporte público es, como poco, una aberración. Así pues, me dispongo a deshacerme de las capas, a lo más puro estilo cebolla, que me guarecen del fresco matutino. Aun así, supongo que debido a los medicamentos de la alergia, la falta de descanso, la afluencia de gente a primeras horas y el calor reinante en el ambiente, a mitad de camino he sentido que todo iba desapareciendo a mi alrededor, que las piernas me fallaban y que el ruido se iba convirtiendo en un zumbido desagradable. Si no ponía remedio habría un desmayo en tres, dos, uno... consigo llegar hasta un hueco al lado de la puerta, me acuclillo y respiro hondo. Consigo que se me pase el mareo pero todavía me quedan seis o siete estaciones hasta mi destino. ¿Qué hago? ¿Me bajo? No, tengo las llaves de la guardería. Si me bajo, los padres no podrán dejar a los "peques" y se va a liar la de San Quintín. ¡Resiste! ¡Por Espartaaaa!
No sé cómo, pero llego a mi destino. ¿Creéis que alguien me ha ayudado? ¿Para qué? ¿Y sí resulta que se levantan de su confortable asiento y alguien se lo quita? En fin, que confio que en el mundo todavía exista gente buena, pero están escondidos. El aire fresco de la calle me despeja, aliviándome las náuseas. Prosigo mis andanzas, ésto sólo es el principio. Muy cerca de mi destino, diviso a lo lejos un rostro familiar. ¡Mi compañera ha venido! Síiiiiiii, ¡viva la "coordi X". Pobrecilla, estaba padeciendo porque me estaba retrasando, y como yo nunca me retraso... retiro lo antes mencionado, algunas personas buenas no están escondidas, ¡resulta que son mis amig@s.
A parte de recibir la llamada de una de mis compañeras que está enfermita (recupérate pronto Noemí), todo sigue su cauce habitual, más o menos. Llega "la hora del estrés", es decir comedor, siesta y limpiar. Normalmente estoy más que preparada para este momento pero hoy era mi "martes y trece" particular. Poniendo las sábanas en las camitas individuales de los mayores, se me ha caido una (camita) encima de la uña del dedo gordo del pie. He visto las estrellas, pero he resistido. Parece que, a parte del golpe y que me he clavado un poco la uña, no tengo nada roto, así que, sô-breviviré.
Después que todos mis pequeñajos hayan acabado de comer, llega la siesta. Me dispongo a echar una manilla en la limpieza, mientras mis compañeras los duermen. Llega otro momento clave del día. Tachán. Me encuentro limpiando las mesas para, seguidamente barrer la clase de los más mayores. Cómo el paño estaba bastante sucio, voy a aclararlo con agua, pero en el camino resbalo con restos de comida, me caigo al suelo y noto un crack en la palma de la mano. ¡Dios, que daño! Pero, claro, están durmiendo los críos justo en la clase de al lado, así que me muerdo el labio para no gritar y voy corriendo a ponerme agua. Hay movimiento. No se ha roto nada. Duele, pero todo sigue donde debe. Sigo limpiando, pues.
Parecía que nada más podía salir mal. Me equivocaba. Por fin llega el ansiado momento de regresar a casa. Increíble pero cierto. Cojo la L1 para hacer transbordo en Sagrera, L5. Empezamos mal. 10 minutos parados en la estación y que no arranca. Por fin, iniciamos el recorrido. Todo parece normal, hasta que pasada la estación de Plaça de Sants, también correspondencia con L5, informan por megafonía que "el servicio de trenes de la L1 funciona sólo hasta Clot". ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Y no pueden decirlo antes de pasarme de estación? No me queda otra que ir hasta la L4 y, luego, volver a hacer transbordo en la L5.
¡Quiero llorar! Voy a meterme en la cama y dormir, no vaya a ser que todavía me depare algo más este día de perros. I DON'T LIKE MONDAYS!
sábado, 26 de septiembre de 2009
Un sábado por la tarde
Nota: unos son más inteligentes o aplicados que otros, unos son más graciosos que los otros, unos te desesperan antes que los otros pero a todos los quiero igual, porque son y serán siempre "els meus nens"
