Mucha gente está hablando del final de Lost, dando su opinión, explicando grandes teorías del simbolismo de la serie. En definitiva, cerrando un ciclo que, en muchos empezó hace seis años y, en otros, como es mi caso, me encandiló hará cuatro.martes, 25 de mayo de 2010
Lost
Mucha gente está hablando del final de Lost, dando su opinión, explicando grandes teorías del simbolismo de la serie. En definitiva, cerrando un ciclo que, en muchos empezó hace seis años y, en otros, como es mi caso, me encandiló hará cuatro.domingo, 9 de mayo de 2010
Parodias
Con motivo del Salón del comic de Barcelona (éste fin de semana) tengo la immensa necesidad de hablar de comics made in Spain que, personalmente me alegran el día, la noche y el momento en general.
domingo, 18 de abril de 2010
Libros, tradiciones y mensajes en una botella
Si hace un par de meses os comentaba como detestaba San valentín, ahora, en cambio, voy a hablar de una de las fiestas tradicionales que más me gustan... aunque también haya consumismo a troche y moche.
cKee es un especialista en crear historias que te hacen abrir los ojos. Elmer, el elefante, sin duda es la más entrañable. La historia de un elefante que en su cuerpo se encuentran todos los colores del arco iris. El se siente diferente, quiere ser gris como todos los demás, así que decide cubrirse de barro para conseguir su propósito, hasta que se da cuenta que esa es la gracia, ser diferente, que cada uno somos diferentes a nuestra manera. McKee tiene otras historias pero a mí me atrae especialmente Ahora no, Bernardo. Bernardo es un niño que intenta explicar a sus padres que hay un monstruo en su habitación que se lo quiere comer, pero estos están demasiado ocupados con sus cosas. Este cuento refleja la realidad de muchos niños y niñas de hoy en día que sólo reciben regalos de sus padres con tal que no molesten, como si las preocupaciones, los miedos y las experiencias de los críos no fueran tan importantes como el "duro" mundo de los adultos. El día que leí este cuento me di cuenta de cuántos niños y niñas acaban siendo "deborados por monstruos" mientras sus padres les ignoran. viernes, 9 de abril de 2010
Lo que no me pase a mi...

Hoy va de aventuras y desventuras de profe.
Después de unos días de descanso, vuelvo de nuevo a la rutina pero con la variedad que esta semana, a mi co-coordi Cris y a mí, nos toca hacer el servicio de acogida por la mañana. ¿Qué significa eso? Pues nada más y nada menos que levantarme durante toda la semana una hora antes para entrar al trabajo a las 8h (es lo que tiene vivir en Barcelona y trabajar en Hospitalet).
Martes, normal pero con un sueño inhumano. Llega miércoles. Ya salí de casa un poco más tarde porque:
1. Me he dormido un poco
2. Llevo el portatil a cuestas, y a parte el bolso con el paraguas, mil llaves, el monedero, el teléfono, el MP3, el cable de la cámara de fotos, la cámara de fotos y, también llevo a parte el portatuppers con la comida.
Salgo del metro, empiezo a subir la cuestecita que me lleva al trabajo, me encuentro con mi compañera, que también ha salido tarde de casa, y nos plantamos delante de la puerta del cole. Saco las llaves, abro la puerta de hierro, cojo la otra llave, giro la cerradura, tiro de la puerta para abrirla y... ¡Oh, la puerta no se abre!
Repito la operación y ¡Oh, sigue sin abrirse la puerta! Antes que me prepare para batirme en duelo con la maldita puerta, Cris dice muy sabiamente.
- Me parece que se dejaron el pestillo de seguridad puesto.
Miiiieerrdddaaaaa! ¿Y ahora cómo narices abrimos? Urgente, llamar a la jefa. La llamo. Un tono, dos tonos. Me lo coge.
- ¿Qué pasa alma de cantarillo?
- Que se han dejado el pestillo puesto las señoras de la limpieza (que me las quiero mucho, pero me estoy acordando de toda su parentela).
- Llama al timbre del Casal (Rock) d'avis y entra por la puerta de los ascensores, bajas por las escaleras del patio y desactivas la alarma.
Y todo eso, hazlo en menos de 30 segundos, que es lo que tarda en saltar la alarmita de marras. En mi cabeza suena la sintonía de Misión Imposible. Pulso el timbre del Casal, no me contestan. Entre tanto, ha llegado la mamá de Jorge (ay, que bonico que es mi bebé), que se ofrece voluntaria a vigilarme el portatil mientras Sô sube al tejado (cambiamos de sintonía, los Hombres de Harrelson). Segundo intento. Esta vez me contestan:
- Hola, somos de l'escola bressol, que no podemos entrar porque está el pestillo puesto, ¿nos podéis abrir?
Mientras suben, me digo para mí, ¿era necesario que le explicaras la Biblia en pasta a la señora para que te abriera la puerta? Llega otra mamá con su bebote, preguntándose qué narices estamos haciendo.
Por fin, nos abren la puerta, intento abrir la puerta que da acceso directo desde los ascensores y ¡bingo!, se abre. Tomo la delantera seguida de cerca de Cris, giro con gran maestría la curva pronunciada, esquivando perfectamente la columna, continuo recto, llego hasta la alarma, marco el código de seguridad y... ¡luz verde! Prueba superada. Mi compañera abre la puerta, quitamos el pestillo y, ¡por fin! podemos empezar nuestra jornada laboral.
Señoras y señores, ser profe es muy duro y está muy mal pagado pero ¡me encanta!
lunes, 5 de abril de 2010
Lo que da de sí un sueño

Jueves noche. Voy a cenar a casa de mi hermano (por cierto, muy buenas las pizzas) y, como punto final de la velada, me deja disfrutar en pantalla 42 pulgadas y un sonido increíble del concierto en Wembley de Muse. Hasta aquí todo normal. Regreso a casa y me voy a dormir...
Es de noche, o lo parece. Me encuentro en la entrada de un recinto, más parecido a un bareto normal y corriente. Para mi sorpresa, me encuentro una apertura enorme con un escenario ascendente cuya estructura me recuerda el interior de una cueva. Consigo llegar hasta primera fila, a dos palmos del escenario. Tengo la entrada en la mano y le echo una ojeada: Concierto de Muse.
Mi acompañante (que no recuerdo quién era) me da un codazo para avisarme que estan subiendo al escenario. Todo el mundo grita, brazos levantados a mi alrededor, luces de colores que me desorientan momentáneamente. De repente, el escenario rocoso asciende delante de mis asombrados ojos. ¡No voy a ver nada! ¿Para qué me pongo en primera fila si no voy a ver nada? No soy la única sorprendida. A mi alrededor todo el mundo permanece en silencio mirando hacia arriba.
Demasiado silencio. Se supone que han empezado a tocar. Entonces, ¿por qué no se escucha nada de nada? Un minuto más tarde el escenario vuelve a bajar y una voz a través de los altavoces anuncia que se suspende el concierto por problemas de sonido. ¿Problemas de sonido? ¿Qué sonido?
Totalmente desconcertada y desilusionada salgo del recinto, acompañada por una serie de murmullos a mi alrededor. De repente, una mano se posa en mi hombro para que me detenga.
- Espera - Matt Bellamy, delante de mi, ofreciéndome algo. Observo el objeto. Es una entrada para un concierto.- Tenemos que suspender el concierto pero os doy otra entrada para el próximo.
Se da la vuelta y desaparece. Sonrío. No ha podido ser esta vez, pero sí la próxima.
Ahí me desperté. Debo decir que, aunque la conversación la he escrito en castellano, en mis sueños el señor Bellamy habla en catalán y con un acento bastante marcado de Gerona (qué curiosa es la mente). Nada, que éste sueño tiene moraleja: ¿Que Muse hace un concierto en Madrid y no puedes ir? No te preocupes, ya volverán a Barcelona o a Badalona o a otro sitio y, esta vez sí podrás ir... A no ser que alguien me regale una entrada para el concierto de Madrid y me acompañe, jejeje.
Que tengáis dulces sueños.
domingo, 28 de marzo de 2010
Oh, lai la, la Primavera, la Primavera!
Esta estación en la que tantísima gente se acuerda de la madre que parió a cada una de las flores y a su polen, la estación en la que te despiertas por la mañana, te abrigas porque ayer hacía un frío del carajo, sales a la calle y te asas de calor o, por contra, te enfundas en una camisa, sales a la calle y vuelves a casa a buscar un abrigo. ¡A ver si nos aclaramos!
También dicen que la Primavera la sangre altera... en los niños esto es una verdad como un templo; ¡no hay quien los aguante! Llegan por la mañana y, delante de sus padres le arrean un empujón al compañero o compañera más cercano en ese momento. Se muerden, se arañan, se dan patadas. Como están alterados, no se les ocurre nada mejor que hacer que correr alrededor tuyo a ver si consiguen que te marees (¡uy, sí, que divertido!). Si no, te vas a otra clase a la hora de comer y, mientras ayudas a dar de comer a la nena que con casi tres años en su casa sigue comiendo triturados, Jaime Daniel se dedica a repetir una y otra vez: Sonia, ¿que hay después? ¿carne, burguesa? ¿sí? ¿hay carne? ¿hay burguesa? A lo que tú, muy pacientemente le contestas cada vez "no lo sé, corazón, creo que sí, que hay hamburguesa pero no lo sé". Imaginaos esta escena en un bucle durante 10 minutos. Desesperante, ¿verdad? Hasta que, por fin, llega el segundo plato, el niño está viendo que sí, que hay hamburguesa y ¡sigue preguntando "Sonia, ¿que hay después? ¿carne, burguesa? ¿sí? ¿hay carne? ¿hay burguesa?" Aaaaaaaaaaagh!
Pero llega Semana Santa, o al menos cuatro días sin niños... Juro solemnemente que me encanta mi trabajo, que adoro a todos y cada uno de esos renacuajos pero ¡NECESITO ESCUCHARME MIS PENSAMIENTOOOOOOS! Y estoy segura que, ellos, también necesitan desconectar y coger energías renovadas para volver al ataque. ¡Os quiero, mis Bestias Pardas!
