lunes, 19 de julio de 2010
Viajes. Episodio 1: Londres
viernes, 18 de junio de 2010
Sô-breviviendo a las escaleras
Vuelvo con una de mis entradas de quejas, a las que llamo cariñosamente las "indignaentradas". Pues bien, la indignaentrada de hoy va dirigida a quienesquiera que tuvieron la brillante idea de poner 69 escalones sin ascensor, sin escaleras mecánicas y sin ningún tipo de consideración al colectivo de ciudadanos con minusvalías del barrio de La Torrassa de Hospitalet del Llobregat.Con motivo de las obras del metro de las Líneas 9 y 10, que unirán los ríos Llobregat i Besòs, se están realizando nuevos enlaces, mejoras de infraestructura y demás chapucillas en innumerables puntos de Badalona, Santa Coloma, Barcelona y Hospitalet (espero no haberme dejado ninguna población, y si es así lo siento). Hasta aquí perfecto porque nunca va mal tener transporte metropolitano subterráneo cerca de casa, sobretodo teniendo en cuenta los atascos en la ciudad condal, los problemas cotidianos de Rodalíes, etc.
Pero, ¿cuál es el problema? Desde septiembre de 2009, viajo de lunes a viernes hasta La Torrassa para ir a trabajar, y en ese mismo transcurso de tiempo he visto ampliarse cada vez más la zona de obras del metro, así como aparecer prácticamente de la nada una salida a la altura de la calle Montseny. Pues bien, la semana pasada se comunicó a los usuarios de TMB que se cerrarían los antiguos accesos a la estación y se abriría el nuevo acceso de Montseny. Pensé que el nuevo acceso dispondría por fin de ascensor, con escaleras mecánicas por lo menos. ¿Y, qué me encontré? 69 escaleras diminutas, con rellanos casi imperceptibles.
Ciertamente alguien podría decirme que soy joven, que me va bien subir escaleras porque así hago ejercicio, trabajo la respiración y ayudo a la conservación medioambiental. Correcto. Pero, ¿alguien ha pensado en las mujeres embarazadas o en las famílias con cochecitos de bebés? Porque sí, hay cochecitos para gemelos, para trillizos incluso. O, ¿qué pasa con los carros de la compra?, ¿las sillas de ruedas llevan turbopropulsores y yo no me he enterado? Y, ¿qué pasa con los ancianos, las personas con problemas cardiorespiratorios, asmáticos, crónicos con bronquitis, bronquioespasmos, usuarios con muletas, bastón. Vamos, que nadie ha pensado en ellos. Yo misma padezco de asma y casi me da un soponcio subiendo las escaleras esta misma mañana, pero yo me aguanto porque lo mío es falta de costumbre y punto. Pero que una pobre mujer ya mayorcita, se equivoque bajando las escaleras sentido Fondo y se de cuenta al llegar abajo que se ha equivocado de andén y debe subir de nuevo todo ese tramo sin remedio,... ¡tiene delito!
Esta estación permanecerá como sustituta durante 11 meses o más, hasta que terminen con las obras de la estación de La Torrassa, por lo que no es un acceso definitivo. Aún así, es el único acceso que existe por el momento. Entonces, ¿cuál es la solución? Comerse las escaleras con patatas, por supuesto. Porque nadie nos va a dar otra solución. Oh, sí, claro, se puede bajar en Santa Eulàlia e ir andando hasta La Torrassa, o bajar en Collblanc, en la L5. O mejor, que cojan un taxi que te lleva de puerta a puerta.
Hay cosas que no puedo ni quiero entender.
martes, 25 de mayo de 2010
Lost
Mucha gente está hablando del final de Lost, dando su opinión, explicando grandes teorías del simbolismo de la serie. En definitiva, cerrando un ciclo que, en muchos empezó hace seis años y, en otros, como es mi caso, me encandiló hará cuatro.domingo, 9 de mayo de 2010
Parodias
Con motivo del Salón del comic de Barcelona (éste fin de semana) tengo la immensa necesidad de hablar de comics made in Spain que, personalmente me alegran el día, la noche y el momento en general.
domingo, 18 de abril de 2010
Libros, tradiciones y mensajes en una botella
Si hace un par de meses os comentaba como detestaba San valentín, ahora, en cambio, voy a hablar de una de las fiestas tradicionales que más me gustan... aunque también haya consumismo a troche y moche.
cKee es un especialista en crear historias que te hacen abrir los ojos. Elmer, el elefante, sin duda es la más entrañable. La historia de un elefante que en su cuerpo se encuentran todos los colores del arco iris. El se siente diferente, quiere ser gris como todos los demás, así que decide cubrirse de barro para conseguir su propósito, hasta que se da cuenta que esa es la gracia, ser diferente, que cada uno somos diferentes a nuestra manera. McKee tiene otras historias pero a mí me atrae especialmente Ahora no, Bernardo. Bernardo es un niño que intenta explicar a sus padres que hay un monstruo en su habitación que se lo quiere comer, pero estos están demasiado ocupados con sus cosas. Este cuento refleja la realidad de muchos niños y niñas de hoy en día que sólo reciben regalos de sus padres con tal que no molesten, como si las preocupaciones, los miedos y las experiencias de los críos no fueran tan importantes como el "duro" mundo de los adultos. El día que leí este cuento me di cuenta de cuántos niños y niñas acaban siendo "deborados por monstruos" mientras sus padres les ignoran. viernes, 9 de abril de 2010
Lo que no me pase a mi...

Hoy va de aventuras y desventuras de profe.
Después de unos días de descanso, vuelvo de nuevo a la rutina pero con la variedad que esta semana, a mi co-coordi Cris y a mí, nos toca hacer el servicio de acogida por la mañana. ¿Qué significa eso? Pues nada más y nada menos que levantarme durante toda la semana una hora antes para entrar al trabajo a las 8h (es lo que tiene vivir en Barcelona y trabajar en Hospitalet).
Martes, normal pero con un sueño inhumano. Llega miércoles. Ya salí de casa un poco más tarde porque:
1. Me he dormido un poco
2. Llevo el portatil a cuestas, y a parte el bolso con el paraguas, mil llaves, el monedero, el teléfono, el MP3, el cable de la cámara de fotos, la cámara de fotos y, también llevo a parte el portatuppers con la comida.
Salgo del metro, empiezo a subir la cuestecita que me lleva al trabajo, me encuentro con mi compañera, que también ha salido tarde de casa, y nos plantamos delante de la puerta del cole. Saco las llaves, abro la puerta de hierro, cojo la otra llave, giro la cerradura, tiro de la puerta para abrirla y... ¡Oh, la puerta no se abre!
Repito la operación y ¡Oh, sigue sin abrirse la puerta! Antes que me prepare para batirme en duelo con la maldita puerta, Cris dice muy sabiamente.
- Me parece que se dejaron el pestillo de seguridad puesto.
Miiiieerrdddaaaaa! ¿Y ahora cómo narices abrimos? Urgente, llamar a la jefa. La llamo. Un tono, dos tonos. Me lo coge.
- ¿Qué pasa alma de cantarillo?
- Que se han dejado el pestillo puesto las señoras de la limpieza (que me las quiero mucho, pero me estoy acordando de toda su parentela).
- Llama al timbre del Casal (Rock) d'avis y entra por la puerta de los ascensores, bajas por las escaleras del patio y desactivas la alarma.
Y todo eso, hazlo en menos de 30 segundos, que es lo que tarda en saltar la alarmita de marras. En mi cabeza suena la sintonía de Misión Imposible. Pulso el timbre del Casal, no me contestan. Entre tanto, ha llegado la mamá de Jorge (ay, que bonico que es mi bebé), que se ofrece voluntaria a vigilarme el portatil mientras Sô sube al tejado (cambiamos de sintonía, los Hombres de Harrelson). Segundo intento. Esta vez me contestan:
- Hola, somos de l'escola bressol, que no podemos entrar porque está el pestillo puesto, ¿nos podéis abrir?
Mientras suben, me digo para mí, ¿era necesario que le explicaras la Biblia en pasta a la señora para que te abriera la puerta? Llega otra mamá con su bebote, preguntándose qué narices estamos haciendo.
Por fin, nos abren la puerta, intento abrir la puerta que da acceso directo desde los ascensores y ¡bingo!, se abre. Tomo la delantera seguida de cerca de Cris, giro con gran maestría la curva pronunciada, esquivando perfectamente la columna, continuo recto, llego hasta la alarma, marco el código de seguridad y... ¡luz verde! Prueba superada. Mi compañera abre la puerta, quitamos el pestillo y, ¡por fin! podemos empezar nuestra jornada laboral.
Señoras y señores, ser profe es muy duro y está muy mal pagado pero ¡me encanta!
lunes, 5 de abril de 2010
Lo que da de sí un sueño

Jueves noche. Voy a cenar a casa de mi hermano (por cierto, muy buenas las pizzas) y, como punto final de la velada, me deja disfrutar en pantalla 42 pulgadas y un sonido increíble del concierto en Wembley de Muse. Hasta aquí todo normal. Regreso a casa y me voy a dormir...
Es de noche, o lo parece. Me encuentro en la entrada de un recinto, más parecido a un bareto normal y corriente. Para mi sorpresa, me encuentro una apertura enorme con un escenario ascendente cuya estructura me recuerda el interior de una cueva. Consigo llegar hasta primera fila, a dos palmos del escenario. Tengo la entrada en la mano y le echo una ojeada: Concierto de Muse.
Mi acompañante (que no recuerdo quién era) me da un codazo para avisarme que estan subiendo al escenario. Todo el mundo grita, brazos levantados a mi alrededor, luces de colores que me desorientan momentáneamente. De repente, el escenario rocoso asciende delante de mis asombrados ojos. ¡No voy a ver nada! ¿Para qué me pongo en primera fila si no voy a ver nada? No soy la única sorprendida. A mi alrededor todo el mundo permanece en silencio mirando hacia arriba.
Demasiado silencio. Se supone que han empezado a tocar. Entonces, ¿por qué no se escucha nada de nada? Un minuto más tarde el escenario vuelve a bajar y una voz a través de los altavoces anuncia que se suspende el concierto por problemas de sonido. ¿Problemas de sonido? ¿Qué sonido?
Totalmente desconcertada y desilusionada salgo del recinto, acompañada por una serie de murmullos a mi alrededor. De repente, una mano se posa en mi hombro para que me detenga.
- Espera - Matt Bellamy, delante de mi, ofreciéndome algo. Observo el objeto. Es una entrada para un concierto.- Tenemos que suspender el concierto pero os doy otra entrada para el próximo.
Se da la vuelta y desaparece. Sonrío. No ha podido ser esta vez, pero sí la próxima.
Ahí me desperté. Debo decir que, aunque la conversación la he escrito en castellano, en mis sueños el señor Bellamy habla en catalán y con un acento bastante marcado de Gerona (qué curiosa es la mente). Nada, que éste sueño tiene moraleja: ¿Que Muse hace un concierto en Madrid y no puedes ir? No te preocupes, ya volverán a Barcelona o a Badalona o a otro sitio y, esta vez sí podrás ir... A no ser que alguien me regale una entrada para el concierto de Madrid y me acompañe, jejeje.
Que tengáis dulces sueños.
